La Ingeniería social es un término empleado en ciencias políticas en un doble sentido. Primero: esfuerzos para influir actitudes; relaciones y/o acciones sociales en la población de un país o región y, segundo, una manera de implementar o aproximar programas de modificaciones sociales. Ambas acepciones implican tentativas a gran escala, sea por gobiernos o grupos privados. A pesar que por varias razones, el término ha sido imbuido de connotaciones negativas es necesario notar que virtualmente toda ley y tentativa de organización social o civil -incluyendo Ordenamiento jurídico y territorial- tiene el efecto de cambiar el comportamiento y puede considerarse “ingeniería social”.

Las prohibiciones de asesinato, violación, suicidio, de tirar residuos en lugares indebidos, etc, son todas políticas destinadas a modificar comportamientos que son percibidos como indeseables. En la jurisprudencia británica y canadiense, se acepta que cambiar actitudes públicas sobre un comportamiento es una de las funciones claves de las leyes prohibitivas. Los gobiernos también influyen el comportamiento más sutilmente, a través de incentivos y desalientos incorporados, por ejemplo, en sus políticas impositivas. Etiquetar una política como “ingeniería social” es a veces una cuestión de intenciones o percepciones.

En la actualidad, el término se emplea con más frecuencia por parte de la derecha política para referirse al uso que, a su juicio, hace la izquierda de la ley o del poder político para tratar de modificar aspectos de las relaciones de poder social o la conducta o del comportamiento privado de las personas: por ejemplo, respecto a relaciones entre hombres y mujeres, o entre diferentes grupos étnicos o respecto a la salud individual.

Los políticos conservadores en los Estados Unidos han acusado a sus oponentes de ingeniería social a través de su promoción de la corrección política, en la medida que se intenta cambiar las actitudes sociales al definir los lenguajes o actos aceptables e inaceptables. El conservadurismo y la derecha política también han sido acusados de intentos de ingeniería social, por su promoción de costumbres sociales “de orden” y conductas derivadas de consideraciones morales o religiosas en relación al comportamiento privado de las personas, tales como la abstinencia sexual, y por tratar de hacer al ser humano más competitivo y egoísta que lo que es por naturaleza.