Como yo, te has mirado en el espejo alguna vez sin entender bien quién es esa persona que te mira? Surge de pronto la pregunta “Quién soy yo”

En ocasiones siento muy difícil continuar en el camino. A veces sin saber a dónde voy realmente, si es un norte o si es mi camino, si las velas capturan el viento que sopla fuerte o voy flotando a la deriva con el vaivén de las olas.

He subido al tren de la vida, y no se si este furgón es el primero o el último. Si va de ida o de vuelta. Si se mueve o solo espera. A mi alrededor, cuántos asientos ocupados. Otros pocos vacíos. Muchos desconocidos. Cuántos han subido y han bajado antes que yo. Caras conocidas, sonrisas o silencios. Ojos tristes y caras alegres. Hay de todo.

Acompañantes de varias estaciones. Quienes estuvieron allí muy cerca, al pasar por túneles oscuros. Otros que sin dudar, abandonaron el trayecto o traicionaron la confianza y robando mi equipaje cambiaron de vagón.

No logro en este momento ver quién conduce. Miedo, cansancio, temor, dolor o soledad. En este momento no consigo conocer al maquinista.

En ocasiones se me hace tan difícil llevar todo este equipaje. Es pesado. Son muchas cosas. No se bien, si todo eso lo necesito llevar. Debería abrir maletas y evaluar el contenido.

Miro por la ventana y veo un atardecer. Se ve triste. Se ve la realidad como burlándose de tanto esfuerzo. De pronto, me siento cansado de buscar. Agotado de esperar un nuevo y mejorado amanecer.

No soy ángel ni demonio. No soy respuesta a tu pregunta, no soy brújula de tu viaje. No soy el más ni tampoco soy el menos. Ni el cantante de esa tu canción o el conductor más veloz de tu auto de escape. No soy tan fuerte como creen. Ni tan débil como algunos piensan.

Sí lloro, sí siento dolor. Sí me canso de buscar ideas, de intentar hacerlo mejor cada día. Sí puedo en ocasiones sentir que la inspiración se acaba y como en una canción, será esta la última estrofa.

Postergo fechas meta, atraso la salida y en ocasiones, también la llegada. Respiro profundo porque siento que el oxígeno del ambiente ya no alcanza para continuar esforzándome más.

Me agoto de buscar oportunidades que parecen no llegar. Y otras que han llegado, el impuesto que se me cobra es tan alto que no se decir si valió la pena. Hay pesar y dolor por saborear el amargo sabor de la deslealtad, el engaño y falsedad de tantos. Será por decir lo que no querían oír? No tengo todas las respuestas correctas, ni siquiera dueño soy de la verdad. Pero mi ideología, mis pensamientos y mi autenticidad, es mía… buena o mala no lo se pero es la mía… y la he defendido con coraje.

Mis sentimientos no los escondo. No los decoro con maquillaje barato o con flores de papel añejo. Los muestro. Los dejo salir. No muchos pueden entender eso. No muchos gustan la transparencia. Algunos aman más el billete que un amigo. Y traicionan y mienten con tal alevosía que asusta.

A pesar del agotamiento abrumador y las sorpresas no tan agradables que me encuentro… de pronto siento una cara amigable mirándome con una sonrisa tímida que sin entender “por qué” me comparte su energía.

Un “gracias” de quien apenas conozco, con esa sinceridad que traspasa paredes, es un impulso a pensar en agradecer también. Una cara nueva que dice “hola”, un evento no esperado que rompe el silencio de las sombras.

Me encuentro con personas que, sin saberlo, con un pequeño mensaje pueden cambiar el panorama y dar oxígeno para un paso más.

No termino de entenderme, pero me apoyo. Me digo en momentos “no te rindas”. No es sencillo pero si lo fuese, muchos lo estarían haciendo ya.

Me encuentro frente a una enorme montaña, cuya cúspide parece tan lejana y distante. Pero no quiero renunciar, quiero esforzarme y procurar llegar a la cima. Si no logro continuar subiendo por el camino delante de mi, trataré de encontrar un puente o un atajo; trataré de aceptar y comprender que quizás deba construir por mi mismo ese puente o abrirme camino entre las rocas. Si me canso, haré una pausa para luego continuar. Y sobre todas las cosas, quiero mantener mi capacidad de notar los pequeños detalles a mi alrededor que hacen hermoso el camino.

Quiero mirar por esa ventana y aunque vea ese atardecer gris, saber, pensar y creer que luego viene un nuevo amanecer con su trajín, sus sorpresas y su gracia y prosperidad.

Quién soy yo? Soy Hibert Coca.